27 de octubre 2026, 23:11hs
Román Ivanoff empezó a jugar al fútbol a los 6 o 7 años, en la Escuelita del Club Huracán de Comodoro Rivadavia. Desde entonces, el deporte forma parte de su vida y hoy, mientras continúa su carrera, agradece la posibilidad de vivir de lo que ama.
“Nosotros los jugadores de fútbol dejamos muchas cosas de lado desde muy chicos, sin saber si eso va a ser recompensado o no. Uno ama jugar al fútbol, es algo que hago desde que tengo uso de razón y hoy, viendo todo lo transitado, le doy gracias a Dios porque fui y soy un privilegiado”, contó.
A los 20 años se fue a Bulgaria para continuar su carrera. La experiencia de vivir en otro país, lejos de su esposa y de sus seres queridos, estuvo atravesada por dificultades contractuales que no lograba entender. Pese a jugar con frecuencia y cuidarse en lo físico y en la alimentación, la situación comenzó a afectarlo.
“Llegué al punto de sufrir ansiedad, estrés, no tener ganas de hacer nada. No salía del departamento teniendo todas las comodidades”, recordó.
Su esposa y sus padres fueron un apoyo durante ese período, pero el malestar continuaba. En uno de esos momentos difíciles, encontró una Biblia que su esposa había dejado en el departamento. Aunque nunca había leído una, decidió empezar.
“Lo primero que leí fue ‘Dios es amor’, y eso fue lo que me trajo una paz inexplicable. Todo lo que sufría se me iba de a poco leyendo y hablando con Él 24/7”, relató.
Un primer acercamiento a Jesús
El primer contacto de Román con la iglesia había sido en 2024, cuando viajó de vacaciones a Comodoro, se casó y acompañó a su esposa a uno o dos servicios antes de regresar a Bulgaria.
Tiempo después, durante las concentraciones con un compañero de equipo, comenzó a acercarse a la Biblia. Según contó, ese compañero, que hoy es un amigo que le dejó el fútbol, solía leerla antes de dormir cuando les tocaba concentrar en otras ciudades.
Fue a partir de esas experiencias y, más tarde, en medio de las dificultades que atravesaba en Bulgaria, que su relación con Dios comenzó a tomar otro lugar en su vida.
Ivanoff explicó que, desde ese momento, eligió dejar que Dios guiara sus decisiones. Aunque recibió propuestas para continuar su carrera tanto en Argentina como en el extranjero, distintas situaciones hicieron que no se concretaran. Con el tiempo, entendió que regresar a Comodoro era parte de ese camino.
“Entendí que su voluntad era que yo vuelva a mi ciudad, para aprender de su palabra, de lo que Él es y de todo lo que puede hacer, y recuperar tiempo con mi esposa, con mis padres, hermanos y amigos”, expresó.
Y agregó: “La voluntad de Dios es buena, perfecta y agradable. Nunca nada que sea de Dios te va a sacar paz”.
El fútbol, en otro lugar
Hoy, Román disfruta de estar en Comodoro y de jugar en el equipo en el que se encuentra. Su objetivo sigue siendo crecer deportivamente y subir de nivel, pero asegura que el fútbol ya no ocupa el primer lugar en su vida.
“Hoy dejo que Dios maneje mi vida. Si me preocupa algo, se lo hablo. Hoy Él me puso acá, en mi ciudad y en este equipo, y es donde quiero estar”, señaló.
En su manera de entender las cosas, ganar, perder o empatar dejó de definir cómo se siente una vez que termina un partido. Aunque reconoce que siempre entra a la cancha con ganas de ganar, su prioridad pasa por agradar a Dios y ser una buena persona, esposo, hijo y amigo.
Un mensaje que va más allá del deporte
Desde su experiencia, Ivanoff habló de la presión que existe en el fútbol y de cómo la competencia puede llevar a una persona a dudar de sus capacidades. La exigencia de ganarse un puesto, jugar pocos minutos o perder una final puede hacer que un deportista sienta que no sirve o que no está haciendo las cosas bien.
Para él, algo parecido puede suceder en los estudios, el trabajo y otros ámbitos de la vida. Sin embargo, considera que la identidad, la paz y el propósito que encuentra en Dios no dependen de un resultado.
“Ganar o perder es parte del deporte. La identidad que te da Dios como hijo, la paz y tu propósito no dependen de un resultado bueno o malo. La victoria es Él, el caminar con Él y tener una relación 24/7 con Él”, sostuvo.
Ivanoff remarcó que el entrenamiento, la disciplina y el cuidado personal dependen de cada deportista, pero que los resultados no pueden ser lo que determine el valor de una persona.
“Hay mucha gente que gana o sale campeón, llega a casa y se siente sola y vacía. El ganar no te da nada y ese vacío solo te lo llena Jesús”, concluyó.